Archivo de la etiqueta: Korad

Ya está disponible Korad 27

Ya pueden descargar el número 27 de Korad. Los contenidos son los siguientes:

PARADIGMAS PERTURBADOS (artículo teórico) Juan Pablo Noroña

RITMO PARODISÍACO (cuento) Pedro Luis Azcuy

AMANECER CON OCTAVIA BUTLER (artículo teórico) Cristián Londoño Proaño

HIJO DE SANGRE (cuento clásico) Octavia Butler

 SECCIÓN POÉTICAS

A MANERA DE EPÍLOGO SOBRE HIJO DE SANGRE, Octavia Butler

SECCIÓN POESÍA FANTÁSTICA, Ricardo Acevedo

LEYENDAS URBANAS

CHANGELING

MIEDOS DE LA INFANCIA

SECCIÓN PLÁSTIKA FANTÁSTIKA, Julián Alpizar Barca

NOMINADO YOSS AL PHILLIP K. DICK, (noticia)

 SECCIÓN HUMOR

MOUSSE DE BIOCHOCOLATE ESPACIAL A LA SOLITARIA… PARA DOS COMENSALES,  Yoss

HISTORIA DEL CINE FANTÁSTICO Y DE CF EN LATINOAMÉRICA (8VA PARTE Y FINAL) (artículo teórico), Raúl Aguiar

RESEÑAS

LAUREL, ORÉGANO… Y MUCHO MÁS, Abel Guelmes

CONVOCATORIAS A CONCURSOS

 

Korad 26 ya está disponible

Ya pueden descargar el número 26 de Korad, correspondiente al ultimo cuatrimestre del 2016.

Los dejamos con los contenidos:

KORAD/26  Septiembre -Diciembre 2016

CRÓNICA DEL EVENTO BEHÍQUE 2016, Sheila Padrón

RESULTADOS CONCURSO MABUYA 2016, Sheila Padrón

UNO POR UNO ES DOS (Premio Mabuya de cuento) Marlon Dumenigo

EN LA NOCHE (mención Mabuya de cuento) Luis Pacheco Granados

INFLUENCIA DE LA CULTURA AFROCUBANA EN LA LITERATURA DE CF DE LA ISLA, Erick J. Mota

DIAMANTES (cuento), Iris Rosales Valdés

LA POESÍA DE CIENCIA FICCIÓN EN CUBA (Artículo teórico), Raúl Aguiar

LA CIUDAD MUERTA DE KORAD (Poema), Oscar Hurtado

BIG BANG. LUZ FÓSIL. QUE SE QUEDE EL INFINITO SIN ESTRELLAS (Poema), Severo Sarduy

PLÁSTIKA FANTÁSTICA, Christopher Shy

HUMOR, OMEGA 3, (cuento) Eduardo del Llano

Minicuentos de ciencia ficción, Marié Rojas Tamayo

POÉTICAS, EL SENTIMIENTO DE LO FANTÁSTICO, Julio Cortázar

CINE FANTÁSTICO, HISTORIA DEL CINE FANTÁSTICO Y DE CF EN LATINOAMÉRICA (7MA PARTE), Raúl Aguiar

RESEÑAS

CONVOCATORIAS A CONCURSOS

Ya pueden acceder a Korad 25

Estimados lectores:

Como prometimos ya está disponible el número 25 de Korad correspondiente al cuatrimestre Mayo-Agosto de 2016. Aquí lo dejamos con el contenido :

UN GUNDAM SOBRE LA TUMBA DE KAREL CAPEK. LA FIGURA DEL ROBOT EN LA CIENCIA FICCIÓN (artículo teórico) Erick J. Mota

ACTA DEL JURADO DE CUENTO FANTÁSTICO Y CIENCIA FICCIÓN

MISIÓN 446 (Mención cuento de ciencia ficción) Malena Zalazar Maciá

LA ÚLTIMA NOCHE DE GUZMÁN CASTILLO (Mención Oscar Hurtado de cuento de fantasía) Raúl Piad

KAREL ČAPEK Y R.U.R. (ROSSUM`S UNIVERSAL ROBOTS) (Artículo teórico) Manuel Rodríguez Yagüe

SYSTÉM (cuento clásico) Josef y Karel Čapek

ACTA DEL JURADO DE POESÍA FANTÁSTICA Y DE CIENCIA FICCIÓN

VIGILIA (Mención Oscar Hurtado de poesía fantástica) Milena Hidalgo

EL LARGO VIAJE (Mención Oscar Hurtado de poesía Fantástica) Alexy Dumenigo

SECCIÓN PLÁSTIKA FANTÁSTICA: Alex Grey

SECCIÓN HUMOR: JUNTA DIRECTIVA. Daniel Burguet

SECCIÓN POÉTICAS: COMO ESCRIBIR FANTASÍA OSCURA

CINE FANTÁSTICO: HISTORIA DEL CINE FANTÁSTICO Y DE CF EN LATINOAMÉRICA (6TA PARTE). Raúl Aguiar

RESEÑAS

CONVOCATORIAS A CONCURSOS

Nuevo número de Korad

Despues de un año de inactividad por motivos personales de los realizadores, hoy comenzamos a ponernos al día con los números del 2016. Disculpen los atrasos, aquí los dejamos con los contenidos de Korad 24. El número lo encontrarán en la página de descargas

Al final de la senda está el vacío: arquetipo del Héroe, en la CF temprana de Yoss (artículo teórico) Rinaldo Acosta

Acta del jurado de cuento fantástico y ciencia ficción Concurso Oscar Hurtado

Cambio (premio Oscar Hurtado de cuento fantástico)  Junior Fernández Guerra

Un cuerpo entre el centeno (premio Oscar Hurtado de cuento CF) Ernesto A. Guerra Valdés

El hombre lobo en el espacio: El hacker como monstruo (artículo teórico) Emily Maguire

La partida (mención cuento de fantástico) Abel Guada

Sección Poesía fantástica: Acta del jurado de poesía fantástica y de ciencia Ficción

BBBBB166 (premio Oscar Hurtado de poesía fantástica) Rubiel Alejandro González

Zahir (mención poesía fantástica) Maielis González

Sección Plástika Fantástica. Raúl Aguiar

Sección Humor: Historia de caballero de la axila infecta y de cómo perdió la oportunidad de formar familia. Junior Fernández Guerra

Sección Poéticas: Ficción: el qué, el cómo y el porqué. Alexander Steele

Cine fantástico: Historia del cine fantástico y de CF en latinoamérica (5ta parte). Raúl Aguiar

Reseñas

Concursos y convocatorias

No. 22 Abril-Junio, 2015

Korad 22 (Julio-Septiembre 2015)

Crónica del evento Behique 2015 Sheila Padrón Morales

La maravillosa vida de Oscar Hurtado y su abuelo Valencia el mudo (mención Ensayo) Claudia Villanueva

Desde la pared (mención cuento fantástico) Abel Guelmes

Único (Mención cuento de ciencia ficción) Junior Fernández Guerra

El Huevo (Mención cuento de ciencia ficción) Albino Hernández

La Casa de Asterión: Lenguaje, Héroe y Laberinto (artículo teórico) Yarini M. Arrebola

Sección Poesía Fantástica

Un puñado de lluvia (Mención de poesía fantástica) Alexander Ramón Jiménez del Toro

El enemigo (Mención de poesía fantástica) Annalis Castillo Seguí

Cacería (Mención de poesía fantástica) Elizabeth Reinosa Aliaga

Sección Plástika fantástika Carlos Manuel Guzmán

Sección HUMOR ¿Quién es quién? Jorge Bacallao

Humor y ciencia ficción en la obra de F. Mond (artículo teórico) Grether Saura Jiménez

Sección poéticas ¿Cómo escribir una novela de ciencia ficción? FANTASMAS INOCENTES (cuento) Alberto Mesa Comendeiro

SECCIÓN Cine fantástico Historia del cine fantástico y de CF en Latinoamérica (3ra parte) Raúl Aguiar

Reseñas

CIENCIA FICCIÓN HUMORÍSTICA; UNA TRADICIÓN… Y «CIENCIA RIcCIÓN» ¿UN INVENTO CUBANO? Yoss

Concursos y convocatorias

El huevo. Albino Hernández Pentón

Les deseamos un feliz 2016 a todos los lectores de Korad. Les regalamos, a modo de adelanto, otro de los cuentos que recibieron mención en el concurso Oscar Hurtado 2015 y que aparecerán en el próximo número de Korad.

Los editores

El Huevo

Albino Hernández Pentón

Anette Hardy.El huevo2a

Cuando entré esa mañana al cuarto, Martha, de rodillas en el borde de la cama, contemplaba el milagro oval, blanco y perfecto. El pelo desarreglado le caía con languidez sobre los hombros y la brumosa luz del día le ensombrecía el rostro. Otra mujer, en esa situación, se habría puesto a gritar y a hacer aspavientos, pero la histeria no forma parte de sus defectos. —¿Puedes decirme qué es esto? —señalé a la pesadilla. No había rastros de sangre, ni restos de tejido. No me miró. —Un huevo. ¿No lo ves? La respuesta me tomó por sorpresa. En otras circunstancias quizá habríamos discutido. Pero una noche durmiendo en un sofá es suficiente para ablandar a cualquiera. —Eso lo sé —estúpida—, mi amor. La pregunta es ¿De dónde salió? Martha alzó la cabeza con lentitud y sus ojos verdes me observaron. Había paz en ellos, en su voz no. —De mi vagina. Listilla, pensé. Pero de inmediato me percaté de que yo había enunciado mal la pregunta, en dos ocasiones. —Es que esto…esto es absurdo —dije. Martha movió la cabeza de un lado a otro como si le pendiera de un hilo. —Absurdo —repitió—, ha sido tu comportamiento desde hace una semana. —¿Y cómo le llamas a poner como una gallina? —Absurdo es dejar el trabajo por puro orgullo en la situación en que estamos. Caminé hasta la ventana y observé la ciudad tras el fino palio de niebla. Lima la horrible, un cuadro dominado por un muro de montañas contra un cielo mustio. Un cielo que era una invitación al suicidio. —¿Qué haces? —preguntó Martha. No volví la cabeza. Sentí el sonido de sus pies al chocar contra el suelo, y luego el sordo rumor de sus pasos en la alfombra de liquidación. Cada vez más cerca. —Nada. Se colocó tras mi espalda, sus brazos rodeándome el cuello. Se alzó en puntillas y beso mi mejilla derecha. Me sentí como un niño y por un momento negarme. Martha pareció notarlo e hizo ademán de retirarse. La sujeté por las muñecas, su pulso latía acelerado. —No, por favor. Quédate así. Ahora la ciudad era una película húmeda, un fantasma gris que se reía de nosotros. Después de cruentos debates decidimos que lo mejor era llevarle el huevo a mi primo que es médico. Le sugerí que debería acompañarme, pero se negó. No podía darse el lujo de faltar al trabajo.   A diferencia de la calle, la sala de espera de la clínica era acogedora y silenciosa. Había poca gente, la mayoría ancianos vestidos con elegancia que conversaban en voz muy baja o se entretenían con revistas de portadas llamativas. Me dirigí a la recepcionista. —Buenos días señor, ¿en qué lo puedo servir? —Soy el señor Weiss. Alberto Weiss. Me miró con un ligero desconcierto, como si le sonara a broma. Debo reconocer que mi traje y color de piel no conjugaban con el apellido. —¿Perdón? —dijo. —Weiss como los banqueros, pero sin la plata —intenté bromear. —¿Tiene cita señor…Weiss? Era evidente que a mi primo se le había olvidado avisar de mi llegada. —Sí, con el doctor Pioquinto —mentí. —Un momento, por favor. Revisó la pantalla. Plana, de veintiún pulgadas. —Lo siento. No aparece en… —¡Alberto! —un palmeo en la espalda. Era mi primo. Nos dimos un abrazo y luego me separé unos pasos para poder verlo mejor. Alto, frente amplia, pelo entrecano, ojos de un negro profundo. Un traje de ochocientos dólares y su sonrisa permanente. José no se cansa de repetir que la sonrisa es la tarjeta de triunfo en cualquier empresa. Después de muchos años de discusiones y de llamarlo hipócrita, tengo que aceptar mi derrota. A él le ha ido bien, a mí no. —Hola ¿cómo te va? —saludé. —Bien. Disculpa, se me hizo un poco tarde. El tráfico está de madre. La oficina de José era amplia, iluminada y olía a bosque en primavera. Varios cuadros, de pintores que no conocía, cubrían las paredes pintadas de un suave color pastel. El escritorio, al centro, parecía un estadio. En una de las esquinas un sofá de tres piezas, italiano deduje, armonizaba con las paredes y el suelo de madera. El valor de una sonrisa. —Esto no parece una oficina —comenté. Me sonrió como un lobo acostumbrado a comerse a las caperucitas del bosque. —Cuéntame. No entendí mucho de lo que dijiste por teléfono. Le conté a José la historia de principio a fin. —A ver, muéstrame ese huevo. Demoré algo en extraerlo del envoltorio. Lo hice con cuidado, no quería que se me fuera a caer o algo por el estilo. Se lo alcancé y lo hizo girar en sus manos, como un pitcher preparándose para un lanzamiento. —Si no contiene un embrión, al menos te dará para una buena tortilla. No le reí la gracia. —Y, ¿cómo se siente Martha? —dijo, mientras sopesaba el huevo. —Dice que bien, aunque lo dudo. Sus ojos me dijeron: “yo también”. Estuvimos alrededor de veinte minutos en el departamento de Radiología. —Nada —se rindió José—. Es blindado. Los rayos X no le entran. —¿Entonces? —Tendremos que consultar a un especialista… —Ni loco. —…a menos que quieras romperlo y ver lo que hay dentro. Mira, tengo un amigo que estudió medicina veterinaria, tiene una granja en las afueras de Lima. Me lo pensé. No era mala idea, pero en ese momento, por primera vez, sentí miedo. —¿Es de confianza? —El tipo es una tumba. —Las tumbas se abren. —Te digo que puedes confiar en él. —Voy a conversarlo con Martha. El camino de regreso me tomó menos tiempo. Durante todo el trayecto volví la cabeza en varias ocasiones para comprobar que el huevo no hubiera sufrido daño. Lo único que me faltó fue ponerle el cinturón de seguridad. Al llegar a la casa, lo coloqué en un lugar blando y protegido y lo tapé con una frazada. Una vez terminadas mis funciones de gallina clueca, me senté frente a la computadora, y coloqué en el buscador de Google la palabra clave: Huevo. La búsqueda arrojó 2 920 000entradas. Seis horas después había leído montañas de información referente al crecimiento embrionario y me enteré de que, en las primeras etapas del desarrollo, las diferencias entre un embrión humano y el de otros animales son insignificantes. Eso me permitió entender por qué hay gente en el mundo con cara de perro o que se comportan como ratas. Martha llegó alrededor de las siete de la noche. Lo primero que hizo fue preguntarme por el huevo. —¿Dónde está? —dijo, con la ansiedad de un drogadicto que ha pasado una semana sin su dosis. —En el cuarto, envuelto en la frazada lila. Al lado de la mesita de noche. Se dio la vuelta sin decir ni esta boca es mía y pronto escuché el taconeo de su calzado en los escalones. Pasaron unos veinte minutos sin noticias de Martha. Ni un solo ruido; era extraño. Vivimos en una casa antigua de dos plantas en la que los sonidos reverberan: el paso del aire por las viejas tuberías, el crujido de la madera, y otros de naturaleza incierta. Sin embargo, el silencio pesaba sobre la casa como una presencia. Lo achaqué a mi imaginación. Al salir de la biblioteca resbalé con el felpudo. —Mierda —mascullé. Subí las escaleras. Martha ni siquiera se percató de mi llegada. En aquella habitación, yo era un fantasma invitado a contemplar a la virgen arrullando a su pequeño hijo. La luz del foco ahorrador, a sus espaldas, le confería al cuadro una cualidad idílica. La fantasía masturbatoria de un extremista religioso hecha realidad. —Estuve a punto de matarme —dije. Sus ojos dejaron de mirar el óvalo envuelto por las sombras de su cuerpo y me observaron. Había amor en ellos, un amor que nunca me habían dedicado a mí. —¿Cuándo vas a quitar esa alfombra de allá abajo? —pregunté. —Nunca. —Un día de estos uno de los dos se va a romper un hueso por ese capricho tuyo. Bótala. —Ni lo sueñes. — Regálasela a alguien. —Trae mala suerte. Es un recuerdo de la tía Pito. —Murió hace veinte años, no creo que se vaya a molestar. La mirada de sus ojos verdes me atravesó. Me senté a su lado y le pasé un brazo por los hombros. Ella continuó en lo suyo. En esa forma protectora con que las madres sostienen a sus hijos. Movía los labios como si estuviera cantándole una nana. Los ojos le brillaban. —¿Qué pasa mi amor? —nunca antes había repetido esa palabra tantas veces en una sola jornada. Debía ser cuidadoso. Martha se veía…sensible. —¿Qué crees que debemos hacer con él?  —preguntó como si mi opinión importara. Una tortilla para alimentar a los niños pobres. —José me sugirió que lo consultáramos con un especialista. —No me gusta esa idea. —Podríamos probar. No hay necesidad de contarle de donde salió el huevo. —Pueden hacerle daño —lo oprimió contra su cuerpo. —Es sólo un huevo. —No estoy muy segura de eso —hizo un mohín de disgusto. Su conducta se me antojo irracional, pero, después de todo, ¿no había reaccionado yo de la misma forma? ¿Quién había mirado el huevo durante todo el tiempo mientras volvía a casa? Nuestras reacciones se movían en el cauce del absurdo. ¿Qué había en el fondo? ¿Instinto? ¿La necesidad de perdurar aunque fuera en un huevo? Observé en derredor; dos proyectos de anciano condenados a la soledad. —José me pidió que le hicieras una visita. Quiere examinarte. —No soy una cobaya. Sabes cómo son los médicos. Lo que para uno es mortal a ellos les resulta interesante. Sólo quieren publicar y hacerse famosos contigo. —Aun así, pienso que sería lo correcto. —Sigue pensándolo. Sonreí. Esa rebeldía era una de las cualidades que me habían hecho amarla. No soporto a las mujeres que se pasan la eternidad: “sí papito”, “como no papito”. Son aburridas, insulsas. —Pongámoslo así… —No me vas a convencer. Te conozco. —De acuerdo, pero tienes que aceptar que no es normal poner un huevo. Debe haber algún problema en tu organismo —me sorprendió que me dejara dar semejante discurso sin interrumpirme. —¿Por qué insistes tanto con lo del chequeo? —arqueó una ceja. —A nuestra edad tenemos que asegurarnos. —Siempre hablas como si fueras un viejo desahuciado. ¡Tienes cincuenta y ocho años! Me reí un poco. En la forma en que lo dijo parecía que recién ayer yo había cumplido los veinte. Los chinos dicen que el hombre tiene la edad de la mujer que ama. En ese caso… —Tengo hambre —dije. —Mira que eres vago. Te dejé la comida lista. ¿Tanto trabajo te cuesta ponerla en el microondas? —No entiendo ese aparato. —Con apretar un botón es suficiente. Me marché, mientras descendía por las escaleras podía escuchar sus protestas. Las sintonicé en un canal muerto.   Transcurrió una semana antes de que visitáramos al amigo de José. Durante esos días la casa se transformó en un caos. Parecíamos dos padres ansiosos en espera del nacimiento de su hijo. Martha me contagió su entusiasmo, de tal forma, que cargué el huevo y un par de veces estuve a punto de mecerlo entre mis brazos y cantarle una canción de cuna. Como yo permanecía en casa, era el encargado de cambiarlo de posición dos o tres veces al día según las recomendaciones de los expertos. De esa manera el embrión no se pega a la cáscara. Al principio, me resistí; luego, poco a poco, fui cediendo a los impulsos de esa fantasía grotesca. Martha se veía feliz, parecía rejuvenecida. Tuvimos sexo cinco de los siete días de esa semana y pensé seriamente que tendría que visitar la farmacia en busca de la droga verde y prodigiosa. Nos unimos en una intensa búsqueda por Internet de todo material relacionado con la conservación de un embrión. En las plantas de incubación ponían a los huevos bajo condiciones especiales de temperatura y humedad. Aun así un número elevado de embriones moría por diferentes causas. El éxito dependía de factores genéticos, la calidad y el grosor de la cáscara, la alimentación, el estado físico y el grado de estrés a que se veían sometidos los reproductores. En fin, sí Martha y yo éramos los padres nuestro pichón tenía poco chance de sobrevivir. Indagamos en los diferentes mercados el costo de una incubadora. Veintiséis mil dólares fue el precio más económico. Martha se desesperó. Logré convencerla de que aún no habíamos perdido la batalla. Las gallinas no sabían nada de controles ambientales y eran capaces de llevar adelante a su prole. Podíamos intentarlo, debíamos sustituir a la naturaleza. De todas maneras, construí una especie de caja de paredes acolchadas a las que conecté un foco que producía una temperatura de 37,5 grados Celsius. En Lima se respira agua, de modo que la cuestión de la humedad la solucioné con un Humidistat B36 que conseguí en Azangaro. Es curioso cómo el conocimiento se relaciona con la infelicidad. Martha y yo revisamos todo lo concerniente a las causas de muerte en los embriones de pollo y ese conocimiento la aterró hasta el punto de que aceptó visitar al amigo de José. Esa noche cuando ya iba a apagar la luz me dijo: —Tengo miedo. —Yo también —dije para reconfortarla. Cuando se sufre en compañía duele menos. —Es tan pequeño. —Ya es visible a simple vista; claro si pudiéramos verlo. —Te pareceré tonta. —No, mi amor. —Si alguien nos viera o nos oyera pensaría que somos un par de viejos estúpidos y frustrados. —¿Qué importa? La gente busca siempre una justificación para burlarse de los demás. No le hacemos daño a nadie. —¿De verdad lo crees? La atraje hacia mí. Antes, ella solía poner su cabeza sobre mi pecho. Decía que le brindaba seguridad. —Estoy seguro. —¿Se preocuparán tanto los padres cuando van a tener un bebé? —Imagínate. —Debe ser terrible ver tu vientre crecer y no saber si el niño será sano. No sé. Pueden pasar tantas cosas. Recordé un párrafo en particular. Entre los días cinco y diecisiete de gestación se producen cambios importantes, el riñón definitivo comienza a funcionar y hasta un veinte por ciento de los embriones mueren en esa etapa. —Hemos hecho todo lo que está en nuestras manos —dije. Suspiró. No le podía ver los ojos, pero de alguna forma supe que lloraba. La nota quebrada de su voz me lo confirmó. —Creo que debemos ir a ver al amigo de tu primo. —Me parece una excelente idea. Mañana llamaré a José. —¿No se te va a olvidar? —Descuida. A primera hora lo hago. —Quiero verlo. —Ya te dije que maña… —No; a él. —Vamos. Te acompaño. Fuimos a ver a nuestro tesoro.   La visita a la granja avícola fue un completo desastre. Lo interesante es que el que tenía miedo en esta ocasión era yo. ¿Por qué? No podría decirlo. Lo cierto es que intenté disuadir a Martha de cancelar el viaje. —¿Te vas a echar para atrás? —me miró. —Bueno…yo. —De acuerdo. Si no quieres acompañarme, iré sola. —No —dije—. Tomaré un calmante. Ya me las arreglaré. Tardamos una extenuante media hora en alcanzar la carretera de enlace con la Panamericana Sur. A medida que nos movíamos en dirección a la periferia el paisaje se hacía cada vez más desolador. Si los árboles son el pulmón de la ciudad, Lima es una ciudad tuberculosa. Veinte minutos de polvo después alcanzamos nuestro objetivo: una serie de hangares de aluminio colocados sobre una árida extensión de tierra color arena, con un cartel a la entrada que decía: Somos el Futuro. Bienvenidos. Avícola El Paraíso. El lugar me hizo evocar a un destartalado campo de aterrizaje de la segunda guerra  mundial.  El  guardián,  que  abandonó  la  minúscula  garita  en  cuanto nuestro auto se detuvo delante del portón de entrada, acrecentó mi impresión. Se inclinó junto a mi ventanilla. —Buenos días —dijo—. ¿Qué se les ofrece? —Venimos a ver al doctor Huaman. Soy el señor Weiss. —Espere un momento, por favor. Fue hasta la caseta e hizo una llamada. Después de unos segundos, asintió con la cabeza, colgó el teléfono, me hizo señas con la mano y abrió el portón. Puse primera y entramos. Un hombre alto para la media agitaba la mano frente a uno de los hangares situados a mi derecha. Aparqué el auto y bajamos. El “doctor” se acercó. José me había dicho que eran compañeros de promoción. —¿Lo trajeron? —Por supuesto —dije. Abrí el maletero y saqué a nuestro tesoro, oculto en la pseudo incubadora. —¿La construyó usted mismo? Con esa perspicacia debe haber tenido mucho éxito con las mujeres, pensé. Si era soltero no era su culpa. Otra sacudida de cabeza por mi parte. —Hace frío ¿Entramos? —invitó. —Gracias. Adentro la temperatura era agradable. Atravesamos varias estancias, separadas entre sí por tabiques, atestadas de jaulas metálicas color aluminio y otros aparatos. Martha caminaba a mi lado en silencio. Torcimos a la izquierda y nos detuvimos frente a una puerta de metal niquelado. —Pasen —dijo haciendo girar el picaporte—. Espero que no les moleste el desorden. Yo dije que no y era verdad, Martha me apoyó. Mentirosa, lo odia. —Las damas primero —sonreí. —Payaso —me dijo Martha entre labios. El doctor Huaman quitó unos libros y revistas de un pequeño sofá. —Tomen asiento, por favor. —Gracias —dijo Martha. —Bien, veamos ese portento. —dijo Huaman, se colocó un par de guantes de látex y examinó el huevo a trasluz. Luego nos miró, primero a mí, luego a Martha. —¿Dónde lo encontraron? —En el patio de la casa —aseguró Martha con la proverbial entereza que exhiben las mujeres al mentir—. ¿Por qué? —Este huevo no es de gallina —afirmó. —Entonces, ¿de qué? —me adelanté a Martha cuya expresión decía lo mismo. —Todavía no lo sé. Si desean puedo hacer la ovoscopía y ver que hay adentro. Martha y yo nos miramos. —¿No tiene idea a qué especie pertenece? —inquirí. —Es muy grande para ser de reptil. Los peces están descontados. No conozco ningún pájaro capaz de poner semejante huevo. Si obviamos al avestruz, al emú y al ñandú, no quedan otras opciones. Si, pensé, el tipo es un experto de los huevos. —¿Hacemos el procedimiento? —La ovoscopía esa ¿no le podría hacer daño? —preguntó Martha. —Es tan segura como una ecografía —afirmó Huaman. Luego nos miró. Al ver que no respondíamos: —Voy a buscar el Ovo mientras toman una decisión. Permiso. Durante los dos o tres minutos que tardó en regresar, Martha y yo conferenciamos, discutimos y nos pusimos de acuerdo. Al entrar el doctor se aclaró la garganta. Traía un maletín en la mano derecha y algo que parecía un arma del futuro en la izquierda. —¿Qué decidieron? —preguntó. —Proceda —dijo Martha. —¿Podemos ver? —pregunté. —¡Por supuesto! Acérquense. Nos dio la espalda y se inclinó sobre la mesa. Martha y yo nos colocamos uno a cada lado. —Vean esto —dijo con orgullo, mostrándonos el aparato—. Es un prototipo. Revolucionará el mundo de la avicultura. Martha y yo cruzamos miradas a su espalda. —Disculpe doctor. ¿Tiene un baño? —preguntó Martha, de repente. —¿Ve esa puerta de ahí? Bonito momento para antojarse, pensé. Si hubiera tenido problemas de la próstata como yo la habría entendido. ¿No podía aguantarse? —Gracias —dijo Martha. Nos mantuvimos callados hasta que el baño se tragó a mi mujer y luego Huaman continuó su conferencia a teatro lleno. —Este aparato es diferente a todo cuanto se ha inventado —dijo—. Utiliza un sistema parecido al de un ultrasonido acoplado a un programa virtual en tres dimensiones. —Y eso ¿qué utilidad tiene? —pregunté, sin pensar que iba a darle más cuerda. Me miró como si yo fuera un ignorante, y lo era. Luego su mirada se suavizó. —Puedo ver las imágenes del embrión en tiempo real. La embriodiagnosis dará un salto cualitativo… bla, bla, bla. Dije que sí con la cabeza durante todo el discurso. No entendí ni la mitad. —Veamos… El ruido de descarga del inodoro lo interrumpió. Un poco después Martha se nos unió. —Continúe, doctor —dijo Martha. Huaman terminó de conectar un tubo largo parecido a una manguera en una de las terminales del laptop y la pantalla de este se coloreó de azul. Apretó varias teclas en secuencia y esperó unos segundos. Luego colocó la parte más ancha de la manguera sobre el huevo. Se escuchó un ligero zumbido y Martha dio un pequeño salto. Yo me aferré al respaldar de una de las sillas. La pantalla cambió de azul a rojo  y algo se movió entre sombras tras la cáscara. —Ya te tenemos —dijo para sí el doctor Huaman. Oprimió otra tecla y la imagen se amplificó. Entonces vimos. —¡Mierda! —exclamó Huaman, mientras retrocedía. —Virgen Santa —dijo Martha y, por primera vez en la vida, la vi persignarse.  Yo me mantuve en silencio viendo aquello que crecía en la pantalla. Huaman congeló la imagen. —Esto es increíble —dijo, había una nota punzante de miedo en su garganta. Martha  se dejó caer en una silla.  Mis  nudillos  se tornaron  blancos por  la presión. —¿De dónde sacaron ese huevo? —dijo y nos miró. —Ya  le  conté  —comenzó  a  decir  Martha  y,  de  pronto,  su  voz  se  apagó. Comenzó a llorar en silencio. Miré a Huaman y este retrocedió un paso, dos. —Nos vamos —dije y cogí el huevo. —No pueden irse… —Qué ¿no los va a impedir? El tono de mi voz decía: ¿usted y cuántos más? —Tendré que reportarlo. —Haga lo que se le venga en gana. Vámonos, Martha. El doctor Huaman se interpuso entre nosotros y la salida. Me preparé para golpearlo con toda la fuerza de que me creía capaz. En ese momento llamaron a la puerta. Huaman me miró, luego a la puerta y vuelta a mí. Los golpes se repitieron insistentes. Quienquiera que fuese parecía apurado. —¡Va! —dijo Huaman. Abrió. Un hombre robusto y de ojos hundidos, vestido con guardapolvos, apareció en el umbral. —Doctor, tiene que venir a ver esto —tenía el rostro congestionado y sudoroso. Su frente era un mapa de arrugas—. Es urgente, las aves han enloquecido. —¿Qué? —Han comenzado a matarse entre ellas —dijo el hombre. Huaman salió dando un portazo y sentí un clic. —Hijo de puta —dije entre dientes y corrí hacia la puerta. Me sujeté al picaporte y lo zarandeé. Comenzaba a sudar por el esfuerzo cuando sentí un toque a mis espaldas. Cuando giré los ojos verdes de Martha me miraban sin rastro de llanto y con una chispa burlona en ellos. Me tomó de la mano. —Ven —dijo y tiró de mí. Abrió la puerta del baño y entonces vi la ventana abierta. La libertad, pensé. Todas las mujeres del mundo deberían tener próstata. Conduje el auto como un demonio que quiere escapar del cielo. Me comí un par de rojas. Fue una suerte que ningún patrullero nos detuviera, llegamos a la casa sin problemas. Martha permaneció en silencio todo el tiempo, con el huevo en su regazo, apretándolo contra sí como si temiera que alguien pudiera arrebatárselo. —¿No crees que estamos haciendo lo correcto? —preguntó, al fin. —No lo sé. —¡Es nuestro hijo! —¿Te has vuelto loca? —No grites. Una cosa era oponerme a alguien que quería arrebatarnos lo nuestro y otra aceptar que lo que vivía en el interior del huevo era mi hijo. —Vamos a tener problemas —dije con suavidad. —Nadie le creerá. —Parece mentira que en tantos años no conozcas a la gente. —Nadie lo sabrá. —Seguro —dije. La ironía es el refugio de los desesperados. —Ríete lo que quieras. Estoy convencida de que va a ser así. —Piensa, mi amor. En cuanto el Huaman ese tenga una oportunidad se nos echará encima. No va a perderse sus quince minutos de fama. —No los tendrá. Créeme, no va a pasar nada. —No sé de dónde te viene esa seguridad. —Tendrías que ser mujer para entenderlo. —No, gracias. Se alzó en su metro sesenta. —¿Tienes algo en contra de las mujeres? Le dí el esquinazo. Las dos semanas siguientes las pasamos en ascuas. Martha pidió una licencia y se quedó en casa. Ahora no me permitía acercarme al huevo. Tenía miedo, ¿cómo no tenerlo? Cada vez que tocaban a la puerta nos mirábamos aterrados y corríamos a escondernos en espera de que un ejército de científicos y gente del gobierno invadiera nuestra casa. El viernes, a pocas horas de que el huevo eclosionara, sonó el teléfono. Martha escribía algo en un diario que se había empeñado en llevar y yo leía un libro. El huevo yacía en un cesto de mimbre junto a ella. Después de lo que habíamos visto nos despreocupamos de las condiciones ambientales. No tenía importancia. —Voy a contestar —dije. —No lo hagas. —No podemos seguir así. Me levanté y sentí su mirada clavada en la nuca. Cogí el móvil y pulsé el botón de entrada. Era José. Lo despaché lo más pronto que pude. Le conté a Martha. —¿Qué quería ese? —Saber de nosotros. —Y, ¿a santo de qué tanta preocupación? —Huaman murió —dije al fin. Martha sonrió; sus ojos brillaron con malignidad. Sentí un escalofrío. —Se lo merece. —¡Martha! Abandonó su diario, se acercó al huevo y lo acarició con lentitud. —¿Qué le ocurrió? —José no sabe los detalles. Me contó que en la granja se formó un lío de madre. Todos los reproductores murieron. Se arruinó. Parece que no lo pudo resistir. La noticia salió en el periódico. —¿Algún comentario sobre nosotros? —Nada. —Te lo dije. —Y tú, ¿cómo lo supiste? Movió su cabeza en dirección al huevo —Él me lo dijo —Eso es estúpido. —Sí, lo mismo que casarme contigo. Me encerré en la biblioteca con la firme promesa de quedarme allí hasta podrirme. Me había comenzado a dormir frente a la pantalla de la computadora cuando tocaron a la puerta. —¿Puedo pasar? —la voz de Martha llegó débil a través de la madera. No dije ni sí ni no y la puerta se abrió. El huevo brillaba entre las manos pálidas de Martha. Su cáscara, ahora translucida, tenía el aspecto de un granate de color púrpura. Un sinfín de hilillos azules lo recorrían en tortuosos caminos que dibujaban formas caprichosas. Dicen que el amor no necesita de perdones; el matrimonio es otra cosa. —Perdona —dijo Martha y colocó el huevo sobre el escritorio, con delicadeza. Permanecí impertérrito. Ella avanzó, se sentó sobre el apoyabrazos y la madera crujió. Yo era el cebo de  una  antigua  vela  y  ella  el  fuego.  Me  besó  en  la  mejilla,  mis  manos permanecieron firmes aferradas a las rodillas. Retroceder nunca, rendirse jamás. Volvió  a besarme, mis manos no me obedecieron y la acariciaron. Estuvimos así, por un espacio de tiempo indeterminado, arrullándonos como palomas en primavera. Dos palomas viejas con un huevo gigante y sin nido. —Estoy muy ansiosa. —Te entiendo, yo también lo estoy. Por unos segundos me miró como si no me creyera, pero continúo abrazándome. —¿Me vas a acompañar? —Ya hemos hablado de esto. —Te necesito. No puedo hacerlo sola. —Martha… —Anda, vamos, no seas malito. —Es una locura —dije. Uno de los dos tenía que mantenerse racional. Se deshizo de mi abrazo. —Haz lo que quieras. Se incorporó, cogió el huevo y salió como una centella. La seguí, ella subía las escaleras cuando crucé el umbral de la puerta. —Martha —grité. Ella se volvió con brusquedad y…escuché algo parecido a un crujido. Martha gritó mientras su cuerpo se inclinaba y sus brazos se abrían. El grito se me antojo infinito. Ella cayó y el huevo voló por el aire. Martha… o el huevo. Me lancé como un portero desesperado que no quiere que le anoten el gol de la victoria. Creí tocar algo con mis manos en el justo momento que mis costillas chocaron contra el suelo. El aire se vació de mis pulmones y quedé tendido a todo lo largo. La oscuridad flotó en derredor. Una forma vaga en el aire parecía oscilar. Logré enfocar la mirada. El rostro asustado de Martha. —Mi amor, ¿estás bien? —De campeonato —me semiincorporé—. Ay. —Eres mi héroe —me besó con el ímpetu de una colegiala. —Valiente héroe. —¿Te acuerdas que te dije que regalar las cosas traía mala suerte? No me acordaba, pero si ella lo decía. Seguí su mirada. Un milagro. El huevo, descansaba incólume, sobre el felpudo a la entrada de la biblioteca. El ascenso fue penoso, algo así como escalar el Annapurna. Martha se había empecinado en que el huevo debía eclosionar en el lugar más alto de la casa. —No lo sé. Pero estoy segura de que tiene que ser así. Es curioso, yo también sentía lo mismo. Al llegar al cuarto me dejé caer en la cama. —No puedes estar ahí. —Es mi cama, ¿no? —Ahora es de él. Mascullé por lo bajo, y me levanté. Martha no pareció escucharme. —¡Se  mueve!  —exclamó  y  tuve  una  sensación  extraña,  como  si  algo  me pateara el vientre. Martha me miró, sorprendida —¿Tú también lo sientes? —No —negué. Martha sonrió, astuta. Avanzó y dejó el huevo en el centro de la cama. Luego volvió sobre sus pasos hasta colocarse a mi altura. —Apaga la luz —dijo. —¿Otra premonición? —Cariño… La obedecí. Quedamos en penumbras. Un caprichoso rayo de luna creaba una sombra circular en derredor del huevo. Se escuchó un crujido y mi corazón dio un salto. Y otro y otro y otro. Martha y yo nos tomamos de la mano.   Albino Hernández Pentón (La Habana, 1958) es médico especialista en Medicina Interna y radica en Perú desde hace más de una década. Es miembro de Coyllur, Sociedad Peruana de CFTF, y participó activamente en los talleres de creación narrativa Taller 7 CCF (Argentina) y Forjadores (Venezuela) dirigidos por Sergio Gaut vel Hartman y Susana Sussman, respectivamente. Tiene cuentos publicados en los e-zines Velero 25 y Axxón. Su relato Tiempo fue uno de los seleccionados para la Antología Visiones 2006 que edita la asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Su cuento Tres veces más pequeño fue incluido en la Antología Ciencia Ricción de cuentos humorísticos de ciencia ficción (Gente Nueva 2014).

Número 21. Abril-Junio 2015

Finalmente ya pueden descargar la Korad 21 en la página de descargas. Pronto subiremos la 22 para ponernos al día.  Aquí pueden ver los contenidos.

KORAD/21      Abril-Junio,  2015

Crónica del evento Espacio Abierto 2015. Abel Guelmes

Acta del jurado del Premio Oscar Hurtado 2015 Artículos Teóricos

Los misterios de Ámbar (Premio Ensayo). José Alejandro Álvarez Moret

Acta del jurado del Premio Oscar Hurtado 2015 Cuento fantástico y ciencia ficción

Ingeniosa Mente (Premio cuento fantástico).  Ángel Omelio George Varela

Recordante (Premio cuento de ciencia ficción).  Raúl Piad

Acta del jurado del Premio Oscar Hurtado 2015 Poesía fantástica

Zecharia Sitchin habla con un desconocido (Premio de poesía fantástica). Eliseo Francisco Abreu Hernández

Sección Plástika Fantástika. Montos

Sección Humor. Mala gente. Daniel Burguet

Colaboraciones: Retórica de la fantasía (Fragmentos de la introducción) Farah Mendlesohn

Sección Poéticas: Extraterrestres, ideas y relevancia. La importancia de la ciencia ficción. Connie Willis

Sección: Cine Fantástico: Historia del cine fantástico y de CF en Latinoamérica (2da parte). Raúl Aguiar

Reseñas:

Acerca de Crónicas de Akaland. Sheila Padrón Morales

El laberinto del olvido, primer juego de rol publicado en Cuba. Ernesto Guerra

Concursos y convocatorias

 

Reseña del 7mo evento teórico Espacio Abierto

Estimados lectores, pedimos disculpas por la demora en la confección número 22 de la revista Korad. Este debe estar listo en los póximos días. A manera de anticipo les presentamos la crónica del evento Espacio Abierto.

Los editores

CRÓNICA DEL EVENTO ESPACIO ABIERTO 2015

Abel Guelmes Roblejo

En los pasados días del 24 al 26 de abril tuvo lugar el 7mo evento teórico Espacio Abierto 2015. Séptimo evento en los 6 años que lleva de creado el taller de igual nombre, único de su tipo en el país en la actualidad[1]. En este año, como en el anterior, la UNEAC facilitó la sala Villena, la cual recibió, el viernes 24, al público que asistió al primer día de conferencias sobre literatura fantástica y de ciencia ficción (CF).

Las palabras inaugurales estuvieron a cargo de la escritora Elaine Vilar, coordinadora y fundadora del taller. En su discurso dio la bienvenida a los invitados, tanto nacionales como foráneos, al tiempo que presentó a la primera conferencista, Sheila Padrón, del proyecto Dialfa Hermes, quien dio una charla sobre la utilidad e importancia de los blogs on-line y alentó a la creación de estos en la intranet del país. Una presentación muy interesante e interactiva porque muchos de los presentes no conocían sobres las nuevas plataformas, cubava.cu, que nuestro país brinda a los interesados en publicar y leer blogs sobre fantasía y CF. Gracias a esta conferencia de Sheila Padrón han visto la luz blogs como Korad (http://korad.cubava.cu/) donde se puede descargar y actualizar sobre las revistas del mismo taller. Y también el Blog del Taller Espacio Abierto (http://espacioabierto.cubava.cu), donde los interesados podrán encontrar la información de los títulos de los  cuentos que se analizarán en las sesiones del taller; noticias sobre el mundo de la fantasía y CF en Cuba y el mundo, convocatorias a concursos, entre otras informaciones relacionadas con la actividad de Espacio Abierto.

Luego Raúl Aguiar, Carlos Duarte, Humberto García (Humver) y Pablo Rigal presentaron las revistas digitales Qubit, Korad, Metatrón y el DVD El mundo de la CF, respectivamente. Raúl presentó los números 90 y 91 de Qubit y anunció que la revista terminaría en el 100, para poder dedicarse a otros proyectos. El número noventa incluye cuentos de diversos autores cubanos escritos bajo la premisa “15 días antes del fin del mundo”. El número noventa y uno trató sobre el concurso venezolano de CF y F Solsticios. Por el gran número de concursantes que se presentaron a la convocatoria, y la calidad de sus obras se puede inferir que el género está ganando mucha fuerza en Latinoamérica. Los ganadores y finalistas de este concurso fueron publicados en la revista Korad y se les dio promoción a través de diferentes medios de varios países. Carlos Duarte lo siguió con Korad y su número 19, donde entre lo más interesante se encontraba el nuevo diseño de la revista, gracias a la diseñadora y escritora Claudia Damiani, el cual la escritora Daína Chaviano elogió en su blog. Pero también sobresalieron los artículos y frases de Jo Walton y Robert A. Heinlein, en este orden, la creación del concurso venezolano de CF y fantasía Solsticios, del cual aparece el acta y los dos cuentos ganadores. Algo que gustó mucho fue la sección de Plástika Fantástica que este número estuvo a cargo del arte de Luis Martínez Brito, el excelente ilustrador de la Editorial Gente Nueva, quien también estuvo presente en el evento.

Humver fue el siguiente en ir a la mesa y hacer una interesante y detallada presentación de su revista Metatrón, en la cual encontramos artículos de Yoss y autores foráneos, anuncios de espacios y eventos de fantasía y CF, además de poesía y plástica en este mismo género. El último orador fue Pablo Rigal quien presentó la primera compilación cubana de CF en un DVD. Pudimos admirar  un buen diseño tipo sitio web, con páginas dedicadas a varios autores cubanos y sus libros, los cuales, según el propio Pablo Rigal, cedieron sus derechos para este proyecto. El CD incluye, además una página dedicada a los ezines cubanos de todos los tiempos. Para cerrar, Pablo mostró una biblioteca con parte de la literatura fantástica y de CF universal, cortesía, entre otros, de Rinaldo Acosta, con libros y autores de todo el mundo..

Luego de un no anticipado receso, donde además de copiar las revistas pudimos degustar buenos panes con jamón y té caliente (cortesía UNEAC), siguió la esperada conferencia de Raúl Aguiar sobre la CF latinoamericana de la década de los 60 y 70.  Esta charla fue la continuación de la del evento pasado donde hizo el recuento hasta la década de los 50. La conferencia de este año se vio algo afectada por la falta de audio, pero aun así el conferencista presentó fragmentos de las principales películas referidas. Pudimos conocer que el cantante Roberto Carlos fue el protagonista de una de las películas de CF Brasileña, dato que le sacó más de una carcajada al público. El mismo efecto resultó de las sátiras al Planeta de los simios, que realizaran los brasileños. Incluso, logró mostrar una de las pocas imágenes audiovisuales del llamado Padre de la CF cubana: Oscar Hurtado. Una de los datos más impresionantes de los que habló Raúl fue que todas esa películas fueron descargadas de YouTube, hecho que, por tratarse de Cuba, realmente parece sacado de un filme de CF.

Debido a la falta de audio, Elaine anunció el fin de la jornada de conferencias un poco más temprano de lo programado, pero el público salió complacido, comentando y discutiendo sobre los temas hablados anteriormente.

Con esto y la invitación a regresar el día siguiente, cerró la primera jornada de conferencias del VII Evento Teórico Espacio Abierto 2015.

El sábado 25 se puede decir que fue un sábado internacional. Ese día Yoss abrió la mañana con su conferencia Lo que quedó de Cuba cuando los rusos se fueron a la órbita. Lo más interesante de la conferencia fue el recuento histórico realizado por Yoss. Muchos en la sala no se habían dado cuenta real del cambio, o de lo que quedó en Cuba, cuando Rusia, o el campo socialista soviético, cayeron en los inicios de la década del 90. Porque Yoss no solo habló del rumbo que tomó la literatura en el mundo, sino en Cuba también. Se centró y puso ejemplos de varios escritores del momento. Los separó en varios grupos en dependencia de su frecuencia en que mencionan a la antigua URSS o a sus productos. Yoss tomó como ejemplo, de un escritor que tiene gran influencia del período soviético en Cuba, a Erick Flores Taylor, con su novela aún inédita Entre clones y tambuches, donde se ve claramente a personajes haciendo referencia a tecnologías rusas y su calidad.

Luego de la conferencia de Yoss, continuó Marissel Hernández, puertorriqueña invitada al evento. Ella llegó con el tema Traumas, sueños y engaños. Manifestaciones de lo fantástico en la obra de Ferréz (Brasil). Esta fue una conferencia que gustó mucho porque nos mostró a un autor no muy conocido (o totalmente desconocido) por el público lector en la sala, pero que tiene una obra muy interesante. El libro presentado por Marissel trata sobre la vida en las favelas, visto desde la mirada de un hombre que vivió en ellas. En este caso, el propio autor del libro. Lo fantástico en esta obra era el uso de lo maravilloso y la metáfora en la prosa de Ferréz. La forma en que describe a los habitantes de la favela, sus traumas, sueños y engaños y a la favela en sí. Un libro y autor muy interesante y que Marissel supo presentar muy bien.

A la invitada foránea la siguió Eric Flores Taylor, quien vino, quizás, con la más polémica de las conferencias: Fanta-ficción o ficción fantástica. Actualidad global – ¿futuro nacional? Inteligentemente, Eric, comenzó con las definiciones de fantasía (F) y ciencia ficción (CF), así como planteamientos de escritores y guionistas de TV sobre los géneros a tratar en la conferencia. Luego de clasificar los varios subgéneros que existen en la F y CF, Eric ejemplificó los conceptos planteados en su conferencia y pasó a debatir, o analizar, diferentes libros como los casos de Dune, Ilion y la clásica película Star Wars, haciendo énfasis y dejando claro su teoría de que cada vez es más difícil diferenciar entre los géneros, donde comienza uno y termina el otro.

Pero no solamente en el extranjero se está escribiendo esta mixtura de géneros que han llamado Fanta Ficción (FF). También, dice Eric, en Cuba ha habido y hay escritores que escriben con esta mezcla. Nombres como Oscar Hurtado y Daína Chaviano, así como otros más cercanos como lo son Carlos César Muñoz y David Alfonso con su obra prima Historias del Altipuerto, Elaine Vilar Madruga, con varios títulos de FF, pero de esta autora Eric solo analizó Promesas de la tierra rota y para cerrar habló del dúo conformado por Jesús Minsal Díaz y Eric Flores Taylor con su novela Guerra de Dragones, realizando el respectivo análisis de esta novela, como el de los dos libros anteriores.

Al cierre de esta conferencia, Eric dio sus conclusiones y comenzó el debate entre el público sobre otras obras u autores. Dicho debate hubo que interrumpirlo, o mejor dicho, posponerlo, para poder dar paso a la presentación de los libros de la colección Ámbar. A la mesa se dirigieron el escritor Yoss y la editora de la colección, Gretel Ávila.

En la mesa Yoss presentó uno a uno cada libro de los que salieron este año en esa colección, e incluso uno o dos de los que no pertenecen a la colección, pero si a la editorial. Entre los títulos presentados estuvieron Crónicas de Akaland de Eric Flores Taylor y Jesús Minsal, Sol negro de Michel Encinosa Fu, la historieta Itgul de Jesús Minsal y Jesús Rodríguez  Nostalgia de Avirs de Leonardo Gala, Los viajeros del sarcófago,  de Carlos Pérez Jara, La piedra ardiente, de Roger Durañona y la antología de CF humorística Ciencia Ricción, seleccionada por Yoss y Carlos Duarte Cano. También se presentó el juego de rol El laberinto del olvido, creado por Yoss y Michel Encinosa Fu.

Luego Gretel presentó los títulos que verán la luz el año que viene, entre los cuales están, Los arcos del norte de Elaine Vilar Madruga, Guerra de dragones 2 de Eric Flores Taylor, La guerra de Bianca de Michel Encinosa Fu, La estrella bocarriba de Raúl Aguiar, Mago de Daniel Sené, el ballet Misión Korad adaptado por Yoss, Caos de Bruno Enríquez,, Cerrar los puños, de Yonier Torres, De ingenieros y genízaros, de Yoss, Caleidoscopio con vistas al futuro, de Carlos Duarte, Historias de Vitira, de los hermanos Denis y Yadira Álvarez, De convergencia y otros cuentos, por el dúo David Alfonso y Carlos Muñoz, Enemigo de los ángeles, de Marcial Gala y, para terminar, la antología de cuentos argentinos Buenos Aires Próxima, cuentos aparecidos en la revista argentina Próxima.

Luego del esperado y necesitado almuerzo, se continuó con el panel de ciencia ficción fantástica. Para continuar el debate sobre este tema ya iniciado con la conferencia de Eric, se sentaron en el panel, los escritores Yoss, Eric Flores, Carlos Muñoz, Elaine Vilar y Raúl Aguiar.

El debate que surgió entre el panel, se extendió rápidamente hacia el público que no siempre coincidió con los términos y clasificaciones. Pero lo más interesante fue cuando cada autor, respondiendo preguntas realizadas por Raúl Aguiar, habló sobre su necesidad, o no necesidad, de mezclar la fantasía con la ciencia ficción y el por qué lo hacían. Al parecer es una forma de enriquecer más los textos, cada uno a su manera y medida. El caso del dúo de David Alfonso y Carlos Muñoz con su Historia del Altipuerto, pero igual que los otros autores, este dúo apuesta por la FF. Al final no se pudo llegar a ninguna conclusión o concepto exacto de cuáles fueron los originadores de la FF, o si alguna obra en específica, de las muchas que abordaron, es FF o F o CF. Pero lo que sí quedó claro es que es un tipo de literatura híbrida sobre la que mucho se escribe en la actualidad, con cada vez mayor cantidad de escritores y mejores títulos.

El siguiente punto de la tarde se le dedicó a recordar al llamado Padre de la CF cubana, Oscar Hurtado. El homenaje corrió a manos de Raúl Aguiar, quien entre sus palabras de elogio y recuento histórico de la vida y obra del escritor cubano. Nos contó datos curiosos de Oscar Hurtado, entre los que estaba la historia detrás de Los papeles de Valencia el mudo. Un detalle que se hablaría más a profundidad el día siguiente. Otro detalle curioso es que escribió (entre tantas otras cosas)  sobre extraterrestres y la gente decía que él era un poco raro, y como su rostro tan extraño, parecía extraterrestre. Para probar este punto, Raúl proyectó un fragmento de una vieja película cubana en blanco y negro, Una pelea cubana contra los demonios, donde el homenajeado aparecía interpretando a un juez, y tengo que reconocer que aquel señor que nos presentaron, con sus orejas casi puntiagudas, aquella mirada, su extraña nariz y su piel pálida, en serio estaba raro. Si no era un ET, al menos era un espectro o familia cercana.

Continuando con el tema de los espectros, siguió la conferencia de la otra invitada de Puerto Rico, Melanie Pérez, con su exposición Máquinas espectrales: El fantasma mecánico en la escritura de Rafael Acevedo y Pedro Cabiya. Melanie evaluó cuatro novelas, dos de cada autor, entre ellas estaban Exquisito cadáver, del primero y Mala hierba, del segundo, las cuales se destacaban por su rico universo, o worldbuilding, y su prosa. Aunque lo más notable de la conferencia fue el alto nivel académico de la conferencista, así como la profunda investigación realizada en estos dos escritores, y que, como aclaró Melanie, lo expuesto por ella es solo una presentación preliminar, porque habrá una versión más trabajada en un libro sobre el fantástico en el Caribe.

Cerrando la tarde llegó Alejandro Benítez con un tema que levantó mucha expectativa en parte del público, Políticas del cuerpo y discurso erótico en 1984 y Un mundo feliz. Alejandro comenzó la conferencia mencionando que no era un gran consumidor del género que aborda el taller Espacio Abierto, pero que entre otras obras, se había leído 1984 y Un mundo feliz. Alejandro comentó cómo fueron sus inicios en las lecturas de estos dos libros, estas clásicos en la literatura de CF. Un detalle que le llamó la atención, y por eso de esta conferencia y futuro ensayo más completo, fue el uso del erotismo y su relación con el poder y la historia a contar. Sobre la fuerza de las escenas y la importancia (o no) dentro de las diferentes partes de ambos libros. El conferencista hizo un gran análisis de ambos libros, primero por separado y luego tocando puntos en común, pero siempre girando alrededor del tema principal de su conferencia. El público disfrutó mucho aquel discurso sobre ambos clásicos y lo importante del erotismo dentro de ellos, ya que eran más de las 4:40 pm, hora  en que debía terminarse su tiempo a consumir y todos seguían absortos en lo que se estaba escuchando.

Una vez terminada la conferencia, tocaba un tiempo para discusión de temas abordados durante el día, pero muchos del público tenían otros compromisos y otros quisieron salir y celebrar, así que Carlos Duarte agradeció a todos en nombre de Espacio Abierto e invitó a la última jornada del evento, el día siguiente, esta vez en el Centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso.

La mañana del domingo comenzó un poco lenta. A la hora de la primera conferencia no había llegado mucho público, pero los participantes al evento fueron llegando poco a poco hasta que no cupo un alma más en la sala José Saramago. La primera en sentarse en la mesa de exposiciones fue la recién graduada del Centro Onelio, Claudia Villanueva, con la conferencia La maravillosa vida de Oscar Hurtado y su abuelo Valencia “el Mudo”.

Tal y como había dicho antes, referido a las palabras de Raúl Aguiar sobre el homenaje al Padre de la CF, Claudia hizo un amplio análisis sobre el libro de Los papeles de Valencia “el Mudo”, la vida personal de Oscar Hurtado y la leyenda que rondaba a este libro. En este se decía que en el protagonista era un alter ego del propio autor y que realmente lo escrito en sus página fue real y Valencia, el Mudo, fue el abuelo de Oscar Hurtado. De ahí a que mucha gente pensara que realmente este gran escritor fuera un ET (además de su aspecto físico)  Pero además de esto, Claudia analizó parte por parte de la novela y comparó a los diferentes personajes y buscó sus equivalentes en la familia de Oscar Hurtado, así como las pruebas, o teorías que respaldaron estas afirmaciones.

A Claudia la siguió la ganadora del año pasado en la categoría de artículo teórico, Maielis González, con su conferencia La fantástica historia de cierta literatura latinoamericana. Aquella fue una gran conferencia donde Maielis analizó a profundidad la obra de cinco escritores latinoamericanos, Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Amado Nervo, Horacio Quiroga y Pablo Palacio, aunque de este último no le dio tiempo a hablar debido al tiempo, que se fue volando, para el pesar de los oyentes. Maielis explicó que para muchos, el inicio de la literatura fantástica en América Latina, comenzó en la década de 1940 a partir de la obra de Borges. Pero tras el análisis de las obras El caso de la Señorita Amelia, La fuerza omega, El país de la lluvia luminosa, Para noche de insomnio, de Darío, Lugones, Nervo y Quiroga respectivamente. Demostró que la literatura fantástica en nuestra zona geográfica comenzó mucho antes. Estos autores tenían cada uno un estilo de escritura bastante diferentes entre ellos, pero a todos los caracterizaba las atmósferas góticas, las descripciones casi poéticas, entre otras que contó Maielis. Uno de los relatos, El país de la lluvia luminosa, capturó el interés del público por lo interesante del fragmento del texto mostrado en pantalla donde autor explica por qué la lluvia era luminosa. Luego el el autor describió una escena nocturna donde la lluvia luminosa caía sobre las estatuas y gárgolas de la ciudad y parecía como si lloraran lágrimas de luz. Sencillamente precioso.

Seguidamente el historiador Javiher Gutiérrez impartió su conferencia El poder entre la realidad y el arte. Fue muy original ver las diferentes formas reales de poder y su presencia en el mundo real y nuestra vida cotidiana. Fuentes de poder como lo son los medio de prensa, las comunicaciones, la información, el sexo, entre otros. Javiher nos mostró ejemplos de estos y otros tipos de poder y su puesta en práctica, Luego, junto al público, fue ejemplificando estos tipos de poderes en los libros como lo son Canción de hielo y fuego, El señor de los anillos, Dune, entre otros. Algunas personas del público añadieron otras formas de poder de las que el conferencista no habló y estas también se debatieron. Incluso hubo alguien que recomendó que, como era un tema tan interesante, se hiciera un trabajo aún más profundo y se presentara la continuidad el año 2016, en el evento.

Para cerrar la mañana llegó Kevin Fernández con su conferencia Los fantásticos microrrelatos de Franz Kafka. Kevin realizó una muy amena explicación y análisis de siete minicuentos fantásticos del austro-húngaro escritor. Leyó cada cuento, bien seleccionados todos, y luego explicó la trama, las técnicas utilizadas, la idea central e incluso, en algunos, la historia detrás de los cuentos. En cada cuento se mantuvo un corto pero beneficioso debate con el conferencista y varios dieron sus opiniones sobre los relatos, siempre basándose en lo expresado durante la conferencia. Todo esto y otros detalles fueron acompañados de una pequeña biografía del escritor a modo de que se entendiera mejor al autor de Metamorfosis.

Luego del almuerzo, el público que asistió al evento ese domingo, todavía continuaba hablando de los microrrelatos de Kafka e incluso se reprodujeron varios cortos de animación basados en algunos relatos de este conocido escritor. Otras fueron y felicitaron a los varios conferencistas de ese día. Pero había llegado el momento de continuar y lo hicieron con el Panel de CF Latinoamericana y Caribeña. El panel fue integrado por Melanie Pérez, Raúl Aguiar y Yoss, que se sumó en nombre de Marissel Hernández que no pudo asistir. En el panel se habló un poco de la “salud” de la CF y la F en Latinoamérica y el Caribe. Cada panelista dio su opinión, muy optimistas todas, sobre cómo veía el género en el momento y desde sus propios puntos de vistas. Melanie compartió su impresión del movimiento dentro de su país y habló de escritores que ella conocía y de sus libros publicados.

Más adelante los comentarios giraron en torno a las políticas de publicación y estrategias de como publicar en el exterior. Melanie explicó que muchos escritores boricuas escriben sus obras en inglés. Otra idea, planteada por Raúl, fue la de publicar antologías y de esa forma promocionar a un mayor número de autores. Luego el diálogo se extendió hacia el público, el cual compartió sus impresiones, experiencias, know hows y otras estrategias hasta que el tiempo se agotó y llegó el momento del encuentro de conocimientos, como siempre, dirigido por Yoss, o como le dicen: wikiyoss. Esta vez el público tuvo la oportunidad de jugar junto a los capitanes de los dos equipos formados por varios miembros del taller. Las preguntas realizadas por Yoss fueron catalogadas como chícharos, lentejas, balines y otros adjetivos semejantes. Incluso cuando decía que iba una suave, hubo que aguantarse en la silla. Un ejemplo de preguntas fáciles fue: ¿Cómo se llama al grupo de animales conformados por el megaterio, el mamut lanudo, el uro, entre otros que se extinguieron en el Pleistoceno?  Gracias a que entre el público y los equipos había de todo tipo de personas y entre todos pudieron batearle algunas preguntas hasta poder completar las tres casillas, a duras penas. Ya en ese entonces, a pesar del buen clima de la sala, todos estaban sudando y alguno que otro se tuvo que tomar una pastillita. Sin embargo Yoss aún seguía calentando. Vale la pena aclarar que las preguntas y los temas, Yoss las inventó al momento, pues no se pudo proyectar la tabla de Excel de preguntas pre-elaboradas como se acostumbraba a hacer. O sea, sin preparación alguna. Lo mejor de ese juego es que al final, nadie pierde, independientemente de que llenes las tres casillas o no.

Durante el encuentro de conocimientos, se hizo una pausa para proceder a la premiación del concurso Oscar Hurtado 2015. Varias sorpresas y alegrías hubieron ese día durante la premiación. Una de las sorpresas la dio Carlos Duarte al presentar una gráfica con las cifras de los cuentos recibidos en las siete ediciones del concurso, donde se pudo apreciar la curva ascendente en el número de obras recibidas, entre la que se destacan los cuentos que este año sobrepasaron el centenar. El otro aspecto muy llamativo fue y la distribución geográfica de los ganadores del presente año, pues solo el 20% de estos fueron escritores de La Habana. Esta cifra nos indica varias cosas: en primer lugar que el concurso ha logrado un alcance nacional; dos, que no solo en La Habana se escribe literatura fantástica de calidad y tres, que el jurado trabaja con total limpieza pues prácticamente ninguno de los ganadores eran amistades o ni siquiera figuras conocidas… Los resultados detallados del concurso podrán leerlos en este mismo número de Korad y además han sido publicados en el blog del taller (www.espacioabierto.cubava.cu)

Una vez terminada la entrega de los premios y menciones, hechas las fotografías de rigor para la revista y las memorias, los organizadores y una buena parte de los asistentes se dirigieron al parque cercano a celebrar los éxitos alcanzados en este nuevo año que transcurrió desde el evento pasado, pero sobre todo, los logros alcanzado por este pequeño, pero a la vez tan grande taller, que en solo seis años ha logrado abrirse paso en el mundo literario y se ha ganado su lugar y un respeto a base de puro talento y esfuerzo. En estos momentos, en Cuba, cuando se hable de la literatura fantástica y de ciencia ficción, es obligatorio hablar de Espacio Abierto, es obligatorio hablar de los escritores que lo conforman.

Y eso fue todo, o casi todo lo que sucedió. Nadie puede escribir realmente todo lo que ocurre (a menos que se llame George R.R.Martin) cuando se reúnen varios escritores de F y CF, cosas fantásticas suceden, pero si algún domingo se encuentran por la esquina de 5ta y 20, en Miramar, lléguese y podrá participar de este mundo fantástico. La entrada es libre, a fin de cuentas, ese es un Espacio Abierto.

Todos están invitados.

 


[1] Nota del Editor. Después de escrito este artículo conocimos de la creación en Matanzas del taller literario Ángel Arango, también dedicado a la CF y la Fantasía

El inmortal. Marlon Dumenigo

A manera de muestra les ofrecemos uno de los cuentos que aparecen en Korad 20. Escogimos El inmortal, un homenaje a quien es considerado por algunos el mejor pelotero de todos los tiempos, el cubano Martin Dihigo.  Su autor, Marlon Dumenigo, uno de los jóvenes más prometedores de la nueva hornada de escritores cubanos que cultivan el género fantástico. Un regalo para los amantes del beisbol y la literatura fantástica.

EL INMORTAL

por Marlon Dumenigo

El inmortal

Los gestos de sus compañeros desde el dugout le parecían distantes, en medio de los gritos de la afición, que le provocaban un nudo que nacía en el estómago y avanzaba paulatinamente hacia arriba, como si siguiera a aquello que le había dado origen, hasta aflorar en sus labios con la forma de un ligero temblor.

Se alejó unos metros del cajón de bateo, sujetó el madero a todo lo largo y repasó la sincronización de los movimientos de cadera y antebrazos con uno, dos, tres swings al aire, dejando una estela invisible antes de volver a ocupar su posición en el home, como si con ella pudiera desvanecer el espectro de imágenes de cada uno de los turnos importantes en que había fallado, y que desfilaban uno tras otro ante sus ojos, sin orden cronológico. Una sucesión de inconformidades consigo mismo que se vio interrumpida por la frenética algarabía levantada en las tribunas, cuando el pitcher colocó su pie derecho sobre el box para iniciar el windup.

Tensó los músculos del abdomen al adoptar la posición de bateo, levantó el codo y paseó la mirada por el infield, donde sus tres compañeros en base aguardaban expectantes ese lanzamiento que rompería el equilibrio de tres bolas y dos strikes representado con números rojos en la pizarra electrónica del estadio, junto a los dos ceros que señalaban empate al cierre del noveno. Esta vez no podía ser igual, pensó. Era el turno al bate más importante de su carrera (podía colmar de glorias y festejos al equipo dándole el primer campeonato de su historia, y, al mismo tiempo, borrar ese asomo de incapacidad asociado a su apellido para conectar a la hora cero: esos segundos o minutos en que se decidía el resultado de un juego) y casi había tenido que implorarle al director del equipo para no ser sustituido por un emergente.

Esta vez no fallaría. Había seguido todas las instrucciones dictadas por el palero, volvió a repetirse en silencio mientras observaba los movimientos del pitcher y aguardaba los instantes necesarios para lograr un buen contacto con la bola. El lanzamiento: una curva lenta que describió una parábola muy alta, el swing… y la pelota fue a estrellarse contra la cerca del jardín izquierdo.

No supo entonces si fueron segundos o minutos, el tiempo que transcurrió antes de que pudiera empezar a correr sin demasiada velocidad hasta detenerse en la intermedia, y levantar los brazos en señal de triunfo, con ese insoluble alarde que al fin alcanzaba a saborear, aunque no le perteneciera enteramente, al menos no del todo, al menos casi nada… Pero ahora solo le importaba el deleite. El ser llevado en hombros por sus compañeros mientras era seguido por miles de miradas incapaces de distinguir esa otra figura, enorme y etérea, semejante a un diamante negro cubierto por un uniforme de béisbol. Esa que también había hecho el swing un momento atrás, impulsando el madero con todas las fuerzas de sus manazas, y ahora sonreía a su lado con la lisura natural de los que saben que han existido y han dejado de existir (de la manera más convencional) solo para seguir provocando esas emociones que jamás podrían captarse del todo en ninguna de las cámaras enfocadas hacia los cientos de fanáticos que, contagiados por la efusión, desafiando en medio de gritos y empujones al cordón policial organizado para retener su avance, se habían lanzado al terreno para acercarse al nudo de jugadores que todavía se abrazaban con lágrimas en los ojos.

Los fuegos artificiales estallaban uno tras otro en los alrededores del estadio, el cartel de campeones resplandecía con grandes letras en la pizarra del center field. Él, aún no terminaba de creerlo al mirar las tribunas coreando su nombre: Él, que solo había sido el instrumento, apenas el simple medio visible que sujetó el madero y realizó el swing, sin más mérito que el de haber buscado la materia prima necesaria (el fragmento de hueso humano, un tabaco, la corteza de ceiba, los dos caracoles y el gallo negro); y el de arribar en alguna madrugada hasta aquella tumba del cementerio de Cruces, para repetir tres veces un nombre donde las letras parecían haber existido desde siempre solo para formarlo: Dihigo, Martín Dihigo, Dihigo… mientras el palero a su lado dejaba escapar bocanadas de humo de tabaco y regaba sobre la tierra, alrededor de la bóveda, la sangre aún tibia del gallo decapitado.

 

MARLON DARIEL DUMENIGO PAU (Trinidad, 1987).

Narrador. Ingeniero en Ciencias Informáticas. Miembro del Taller Literario José Martí de la Casa de Cultura de Trinidad y del Taller de Literatura Fantástica Espacio Abierto. Ha obtenido, entre otros, los siguientes reconocimientos: Premio en Poesía y Mención en Narrativa en el Encuentro-Debate del Taller Literario Municipal, Trinidad, 2011. Mención en Poesía en el Encuentro-Debate Provincial de Talleres Literarios, Sancti Spíritus, 2011. Mención en el Concurso de Cuentos La Casa Tomada 2011. Mención en la categoría de Cuento Fantástico en el Concurso Oscar Hurtado 2012. Mención en Cuento (en la Categoría de Autor Inédito) en el Concurso Mabuya 2012. Ha publicado en la antología Los cuerpos del deseo y su cuento Cordón Umbilical apareció en Korad 10

 

Número 19 Octubre-Diciembre 2014

KORAD/19  Octubre – Diciembre, 2014

Editorial

¿Cosmonautas o astronautas? Extrapolaciones del futuro o crisis del presente Erick J. Mota

Concurso Calendario de ciencia ficción 2014 Acta del jurado

Casa de cristal (cuento) Eric Flores

La conquista de Titán (cuento). Carlos Muñoz y David Alfonso

El sueño de Vero. Alejandro Rojas

Los protocolos de lectura de la ciencia ficción (artículo teórico) Jo Walton

Sección Poesía Fantástica

Sexotronic/ARM (Argonne Remote Manipulator) Raúl Aguiar

Sección Plástika Fantástica : Luis Martínez Brito

Sección Humor: ¡ Oh clo n ! (cuento) Pavel Mustelier

Colaboraciones

Acta del jurado del primer Concurso venezolano

de literatura fantástica y ciencia ficción “Solsticios 2014”

Las moscas (cuento) Juan Carlos López (Premio Solsticios Fantasía)

Epidermis (cuento) Rafael E. Figueredo (Premio Solsticios CF)

Sección Poéticas : Frases de Ro bert A. Heinlein

Todos ustedes, zombies (cuento) Robert A. Heinlein

Premio Agustín de Roj s 2013. Acta del jurado

Concursos y convocatorias